Sobre mí

Soy Augusta, artista autodidacta e ingeniera comercial. Desde siempre he sentido una conexión profunda con la naturaleza y con los espacios de calma que invitan a mirar más lento. Me inspiran los paisajes silenciosos, las texturas que se desgastan con el tiempo, los colores que aparecen sin esfuerzo y esa belleza simple que no busca protagonismo.

El mundo creativo ha sido parte de mi vida desde chica. Crecí rodeada de arte y diseño, y siempre me han atraído la decoración, las manualidades y todo lo que se construye desde lo sensible y lo hecho a mano. A lo largo de los años he explorado distintas disciplinas como la cerámica, la costura, la acuarela, el mosaico y la pintura, siempre como un espacio de conexión conmigo misma.

En paralelo, mi vida profesional se desarrolla en un ámbito mucho más estructurado y analítico, un espacio que me desafía y disfruto mucho. Y es justamente desde ese contraste que nace este proyecto: como un contrapeso y una forma de crear desde la intuición. Hace un tiempo comencé a explorar la pintura de manera autodidacta, dejando que el proceso guiara cada obra, y poco a poco ese gesto íntimo fue tomando forma y sentido propio.

Sobre Terracalma

Terracalma nace de la observación lenta de la naturaleza y de sus texturas más simples: la tierra que se quiebra en capas, la arena que se desplaza, la piedra que se desgasta con el tiempo. Me mueve esa belleza silenciosa que aparece sin imponerse, la que admiramos sin llamar la atención.

Trabajo desde la intuición y el respeto por la materia. Cada obra se construye a partir de capas, relieves y tonos orgánicos, dejando que la superficie respire y que el equilibrio entre lo lleno y lo vacío se revele de manera natural. No busco la perfección, sino la armonía, donde la textura y el color dialoguen con calma.

Las obras de Terracalma están pensadas para habitar los espacios sin saturarlos, para bajar el ruido visual y acompañar desde la presencia sutil. Son piezas que invitan a pausar, a mirar más lento y a reconectar con esa calma esencial que encontramos en la naturaleza —y también en nosotros— cuando nos damos el tiempo.